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Francesc Grimalt, El futuro es de los chinos - 40Putes

Francesc Grimalt, El futuro es de los chinos

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No sabíamos nada de él, pero en cuestión de meses tiene dos libros en el mercado, se ha marcado un tarot steampunk, ha dibujado la portada de la restituida revista Esquitx y una historieta en Pequeños cadáveres envueltos en plástico. También ha participado en las exposiciones de Urban Sketchers y en la de homenaje a Spirou, inaugurada en Mos de Coc. Vive en Santa Maria, en La Madriguera, una casa que le hace guiños a la época victoriana y al hogar de los Weasley de Harry Potter. Además de ser ilustrador y trabajar para una superproducción china, es profesor de Secundaria y pintor. Nació en 1971 y en los ochenta era siniestro. Ahora confiesa que se siente artísticamente raro en Mallorca. Normal: su estilo es septentrional, nórdico, a lo Klimt y Egon Schiele. Ha rastrillado el Mediterráneo de su obra. Su primer largo en el cómic es el reciente Míseres (Edicions de Ponent). Detesta la egolatría del artisteo y le faltan horas de sueño. “Dibujo por las noches”, comenta, “y cuando puedo a la gente del pueblo, me gusta ir a Can Pulit o a Es Comerç con el cuaderno”.

40putes: ¿En qué te pillo ahora?

Estoy dibujando para una especie de El señor de los anillos chino [para Zhenjian Film Studio]. Una película épica. En este filme tengo de momento la función del concept artist, que es el diseño de personajes de la primera escena. Y supone muchas horas de trabajo y repetir muchas veces los dibujos. Pero trabajo con gente increíble. Es una producción china con mucha gente europea y americana trabajando, también algún australiano. Asimismo está Tomás Barceló, el escultor que hace todas estas figuras [expuestas en una estantería de su casa]. Tomás está allí desde hace un mes. Está ya muy integrado. Y él se encargaría dentro de un equipo de llevar la cosas a las tres dimensiones, fabricar los objetos.

¿Cómo contactaron contigo?

Contactaron con Tomás a través de un diseñador de producción español. Tomás ha trabajo de manera esporádica con César Macarrón, que es un diseñador de producción español. A César le encanta lo que hace Tomás, y Tomás le enseñó algunos materiales míos que le gustaron mucho. Tomás y yo hace 15 años que trabajamos juntos. Yo dibujo para él y él a veces convierte mis dibujos en esculturas. Nos entendemos muy bien.

¿Por qué te dio por dibujar en estilo steampunk?

Por mi sobrino Francesc Grimalt III, que es dibujante también. A él le encanta el steampunk. Entonces yo estaba haciendo unos dibujos para un cortometraje de animación y me dijo: “Esto se parece mucho a la estética del steampunk”. Y me empezó a dar datos y continué.

Entonces ya tenías un poco ese estilo sin conocerlo.

No te creas. Yo soy bastante retro en mi estilo. Provengo de la pintura. Durante mucho tiempo me he dedicado a la pintura al temple, retratos… Pero ahora estoy muy metido en la ilustración y en el cómic. No es que acabe de llegar al cómic ahora. Lo que pasa es que salen unos cuantos libros míos de golpe. Es coincidencia.

¿Cuáles salen exactamente?

Míseres, un cómic largo. Es una especie de continuación de un álbum ilustrado que saqué y que se llama Sanatoria o Los niños raros. Lo saqué en gallego primero. Pero no me acaba de gustar esta versión: la textura del libro no acaba de ser lo que yo quería. Y éste está también en imprenta en castellano, con una maqueta nueva, muy cuidada. O sea que salen los dos casi al mismo tiempo. Y luego cosillas en revistas de cómic: la de Gotham [Pequeños cadáveres envueltos en plástico], la portada de Esquitx, que ahora regresa.

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¿Por qué abandonaste la pintura?

La pintura es muy aburrida. Tú escuchas hablar a cualquier persona sobre pintura y, francamente, me pega la risa. La gente hablando de la presencia y la ausencia… Qué aburridísimo es eso. Y la gente del cómic es muy divertida. La gente de Gotham, del Clúster, el ambiente de Ink and Drink, una web de dibujantes. Es como una secta masónica (risas). La pintura es un mundo clasista y muy de señora que va a exposiciones. Una inauguración es como ir a misa, un acto social. Toda esa parte solemne y falsa no me gusta.

¿Te ha decepcionado?

Sí. He hecho exposiciones aquí y fuera. Mira, yo me lo paso tan bien en el mundo de la ilustración. Siempre había escrito y dibujado relatos pero nunca se me había ocurrido que podía enviárselos a una editorial. Entonces hice esto: una suerte de sobres para enviarlos a editoriales. Son como unas fichas de pacientes de este sanatorio psiquiátrico infantil que me he inventado y una editorial gallega inmediatamente compró los derechos para la edición gallega. Luego iba a salir una edición en castellano pero la editorial quebró y me quedé sin versión en castellano. Luego me dio por hacer una segunda parte, que tiene editorial ya, Edicions de Ponent.

¿De qué va toda esta historia?

En las cartas a las editoriales les digo que esto es un libro sobre un sanatorio psiquiátrico infantil y que por favor sigan leyendo. Porque la gente dice, ¿qué es esto? En realidad, es totalmente entrañable. Estos niños no están locos, lo que pasa es que son peculiares. Muy extraños. Yo he sido y soy profesor y, claro, he estado como trece años trabajando con niños de ESO y he visto niños muy especiales. Niños que si les mueves un lápiz de la mesa les provocas un problema grave, niños obsesionados con el orden. He tenido de todo. Y eso te va dando ideas de cosas que podrías hacer con los personajes. Es un poco mi caladero. Y un día se me ocurrió hacer una institución de leyes absurdas, como los colegios, que también lo son. Leyes que tuvieron alguna vez sentido pero que ya no. Y por eso los niños intentan escapar de ese sitio. Entonces uno de ellos se escapa y va a parar a un pueblo fantasma, que es un pueblo muy divertido, Míseres, situado en la cresta de una montaña, donde las casas están una detrás de la otra. Y para ir de un lado a otro has de pasar por todas las casas. Además, en ese pueblo todos son fantasmas porque llevan un siglo muerto. Pero no son nada siniestros. El otro día lo hablaba con Tomás, el escultor. Mis libros y los cómics que yo hago parece que pueden tener un tema fuerte. Por ejemplo, la historieta Volátil empieza con un suicidio, es un tío que se tira por un acantilado, pero en ningún momento lo puedes leer como un suicidio porque pasa a otra acción: el protagonista crea una civilización cayéndose. Esta historieta va sobre la muerte y Míseres sobre la locura. El próximo que voy a hacer va a ir sobre la miseria y la pobreza, pero no va a ser en absoluto sórdido. Aunque salga de todo: travestis, homeless… Cuando tú lo estés leyendo en ningún momento te parecerá sórdido, sino un tema más para tratar.

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¿Les quieres dar cierta dignidad a esos personajes que han caído en desgracia?

No, no es voluntario. De mí no sale hacer una historia sobre elfos o sobre piratas. No me salen. Lo último, que lo estoy haciendo durante los patios en el colegio, son pequeños cuentos. Si alguien me pide que haga un tema, no sé por qué pero hago éstos. Debo ser medio gótico.

Hay conflicto en esos temas.

Sí. Hay gente que siempre intenta buscar dentro de las cosas positivas el lado asqueroso o siniestro. Yo hago lo contrario. Intento, dentro de la basura, dar con algo y sacarle un poco de brillo. Es una manera saludable de tratar estos temas.

No eres nada autodestructivo, entonces.

Nada. Soy abstemio, no fumo, odio las drogas, los porros. Lo primero que le digo a los niños en clase es que no me hagan gracietas con los porros porque no me dan risa. Vivo en el campo y no soy nada autodestructivo. Los artistas tenemos ese punto que es muy fácil caer en ese rollo, y la mayoría de mis amigos pasan por épocas depresivas, con pastillas. Yo también he pasado por eso y he estado de baja. Todo nos afecta mucho. Pero no puede ser. Yo me pasé diez años fastidiado. Con una actitud  muy negativa frente a la vida. Por ejemplo, con el tema de la película, si ahora me dicen ven para China, yo me voy. Cuando estás mal, te vas metiendo en una percepción de la vida llena de miedo que te paraliza y no puedes hacer nada. También está el tema de la falta de autoestima, el rollo de “soy el peor en lo mío”. Como encima te guste ese rollo depresivo y tal, ya déjalo. Para mí, de medio año a esta parte, la gente me trata de maravilla. Jaume Albertí [Gotham] se porta conmigo muy bien. Jaume Martí también. Y creo que no lo merezco. La sensación de uno tiene es ésa.

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¿Por qué La Madriguera?

Se lo puso Joana, la novia de Jaume Albertí, porque le recordaba mucho la casa de los Weasley, que son unos personajes de Harry Potter. Luego también me convencieron para que diera clases de dibujo aquí. Y es la mejor idea que hemos tenido en la vida. No es lo mismo dar clases en Secundaria. Por muy bien que quieras hacerlo, son 30 alumnos, no se puede personalizar nada. Y están reunidos por edades en lugar de por intereses o talento. Y aquí no: mi sobrino se encarga de tres o cuatro niños que vienen y al mismo tiempo yo estoy con gente que viene de la ilustración, gente que ha querido pintar siempre y quiere aprender a dibujar y a pintar. Además, hay un ambiente buenísimo. Yo salgo de aquí espitoso y del colegio sin energía.

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En Mallorca no hay gente con tu estilo de dibujo.

Soy muy raro. Siempre he querido hacer el tipo de dibujo que me gusta, no el que me toque por época o por generación. A ver, es evidente: en los ochenta yo era siniestro, como Javier Liébana, etc. Y nosotros tenemos un tipo de bagaje como Vampira, Siouxsie, The Cure. Pero eso es entrañable para nosotros. Es un referente más. Igual que los de hoy en día tienen de referente el videojuego o el manga. El manga ya no me pilló a mí.

¿Cuáles fueron tus referentes?

En ilustración yo le agradezco mucho a mi madre que me comprara libros americanos e ingleses. En ellos estaban desde Norman Rockwell o Andrew Wyeth. Y yo flipaba. Y luego veía a Joan Miró y no flipaba nada. Y yo flipaba también con el de American Gothic, con toda la familia Wyeth, Hopper. Y con los de aquí no. Soy muy anglosajón. Y últimamente siento fascinación por Shaun Tan, como todos los ilustradores del mundo porque es un tipo fantástico. O por Nicolas de Crécy. Pero me gustan muchos autores. En el mundo de la ilustración hay virguerías. Es lo más genuinamente artístico que hacemos hoy en día. Muchísimo más que la pintura.

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¿Está más avanzada la ilustración que la pintura?

Es un mundo muy rico. Es más atrevido que la pintura. La pintura tiene una función: tiene que cubrir pared. No nos gusta mirar la pared y la rellenamos de cosas. Pero es un ritual la pintura: se hace la exposición, la presentación, el canapé, el catálogo, el escrito del catálogo… Una de las cosas que más me gustan del mundo del concept es que es una patada al ego. En ningún momento puedes decir que no pueden opinar sobre tu obra porque eres el artista. Tú no tienes ego porque trabajas en grupo y en equipo. Y lo importante es el resultado. Somos piezas e ingredientes de un producto. No somos el foco creador romántico, que es el mundo del artista-pintor. Un tío que va dejando una reliquia, una servilletita, y de repente ilumina el mundo. Yo de esto hago cientos de dibujos y muchos acaban en el fuego y ya está. A mí, esta desacralización de todo lo artístico me gusta. Y en el mundo del cómic esto es así. Para empezar, la obra final no es una cosa hecha a mano, sino una impresión. El color se pone digital… Sí se compran originales, pero es más como cosa entrañable. A la gente le gusta Batman y quiere tener una página de Acuña. A mí todo esto me parece muy bonito y es más cercano a como yo entiendo el dibujo. Yo cuando veo a según quién en Mallorca haciendo lo mismo con el rodillo, unos lienzos enormes, y encima vendiéndomelo con un discurso sobre la esencia, sobre los orígenes del arquetipo mediterráneo… Pero, tío, por Dios…

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Pero al principio tú querías ser pintor.

Sí, porque me gustaba la pintura realista americana. El arte gótico. Pero tenía un problema el arte pictórico gótico: es que para preparar una exposición yo tardaba dos años, porque con un cuadro pintado al temple tardas mucho. Preparar la tela, dibujarlo y borrar cuando te equivocas. Y mi ritmo no es el de la galería. La galería está acostumbrada a que el artista tarde pocos meses en hacer la obra. Pero yo no. No se puede exponer al ritmo que te piden.

¿Entonces, has abandonado del todo la pintura?

Sigo haciendo retrato de vez en cuando porque es algo muy personal. Y lo hago por encargo siempre. Tiene esa cosa de trato directo de “tú me compras y yo te hago un producto”. Y eso me parece digno. No te vendo un discurso. Si te gusta mi manera de pintar, acudes a mí para que te haga un retrato y ya está.

¿Detestas los discursos que hay detrás de la pintura?

Sí. Provengo del mundo de la Filosofía. Me es un poco extraño ver eso. Es como si los cocineros de repente tuvieran que empezar, que ya lo hacen, a elucubrar sobre la vida. Velázquez tenía sus opiniones, Egon Schiele tenía las suyas, pero estos discursos de hoy día…

¿Te horroriza el arte conceptual y postconceptual?

No te creas. Lo que pasa es que no me interesa. Está tan separado de mí que ni siquiera se puede considerar que hagamos lo mismo. Un señor que hace arte conceptual está haciendo algo que no tiene nada que ver conmigo. Para él la creación de un objeto es una parte residual de la idea que él tiene. La idea es lo importante. Y yo soy un creador de imágenes.

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¿Y cómo casa la filosofía con ser dibujante?

La filosofía es lejía. Sirve para limpiar el cerebro de tonterías. Te vuelve muy ordenado. Esto son ideas, esto emociones, esto es la lógica. Y no mezclas ideas con sentimientos. Esto se ve mucho cuando la gente discute, que se hace un lío. La filosofía ayuda a pasar un poco la mopa. Ahora, yo nunca haría ilustración de la filosofía. No me interesa.

Has estudiado dos materias que en la nueva ley de educación salen muy perjudicadas.

Siempre lo hemos estado, sobre todo los de filosofía, que nunca hemos ido a más sino siempre a menos. Es muy absurdo todo porque dices: vale, quitamos la filosofía porque no es práctica o lo que sea. Pero luego vuelven a poner latín en cuarto de ESO. Yo soy profesor de latín ahora. Y dices, a ver, por nivel de importancia en la vida de una persona hoy día, a mí me parece que la filosofía estaría mejor. Pues han quitado la filosofía y creo que también han quitado la ética de cuarto. Y la música se ha ido. A los niños les dices, ¿qué prefieres música o plástica?, y casi todos dicen pástica. Ahora los niños podrán salir de la obligatoria sin saber la historia de la música: Bach, Mozart, el romanticismo. Es muy grave. Cuando yo era pequeño e iba a música, la clase era un caos, pero los niños escuchábamos.

¿Qué les enseñas en plástica a los alumnos?

Hacemos de todo. Normalmente tengo un temario y lo sigo. Dibujo geométrico y artístico (al natural, ilustración, volumen), pero este año en cuarto de ESO vamos a hacer un corto de animación. Tengo experiencia trabajando en cortos. En los cortos aprenden a trabajar en equipo y a cumplir con su labor para que el resto pueda continuar y el proyecto se haga realidad. Antes daba clases en Santa Maria y en Binissalem, y este año sólo en Binissalem. He de dibujar de noche. Estoy en coma. Voy a petar. Pero procuro pasarlo bien tanto ilustrando libros como dando clases. Pero es verdad que la Secundaria gasta mucho. Es duro para ellos, lo comprendo. Estás de 8 a 3 en un sitio que te entran unos señores y te cuentan cosas muy diferentes y hay que estar sentado. Yo no podría hacer lo que hacen ellos. Y entiendo que estén espitosos, pero cargan mucho. Por eso prefiero trabajar aquí, en La Madriguera.

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Cuéntame tu relación con el steampunk.

No soy un artista steampunk sino que soy un artista valorado por la gente que le gusta el steampunk. Lo que más me gusta del steampunk es que la gente hace cosas. A veces muy mal y a veces muy bien. Pero las tribus urbanas normalmente no hacían cosas. Se vestían y salían por unos sitios determinados y tenían su música y su jerga. Pero esta gente hace virguerías: desde roulottes, atrezzo… Algunos vienen con alas desmontables. Me parece fantástico que cuando tienen convenciones se pasan medio año preparándose el vestido, la máscara con sus tubos… Es muy superficial pero entrañable a la vez. Tienen sus trabajos normales y se hacen sus virguerías. Es un mundo muy creativo. En una de esas convenciones, durante horas y horas había duelos de té. Tenían que mojar las pastitas y aguantarlas. El primero al que se le caía era el que perdía. Y el que aguantaba más era el que ganaba. Me pareció una chorrada muy divertida. A mí me motiva más a dibujar esto que un catálogo de exposición de pintura.

El steampunk es difícil de acotar.

Sí. Imposible diría yo. Luego se divide en biosteam, etc. Ellos crean sus universos: los hay puramente victorianos, otros son más como en los años 40 y 50 en EE UU, y luego hay unos que crean un mundo que podría usar la energía de las plantas y llevan cápsulas como micromundos. Me parece muy divertido. Y luego tienen cosas divertidísimas como enormes debates sobre qué es steampunk y qué no lo es.

¿Nació en el XIX?

No, en los ochenta. Nació más con cómic. A mí lo que me gusta más es que no está asociado a una película concreta, a un grupo de música concreto, no lo hay. No hay un grupo de música steampunk.

Blade Runner tiene algo de esta estética.

Bueno, más Wild Wild West o Sherlock Holmes. Es una caja de referencias muy abierta. Hay gente que hace un steampunk muy tirando al cosplay del manga. Otros hacen algo más siniestro, vampírico… Es un mundo muy amplio que se va extendiendo.

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¿Te documentas mucho a la hora de dibujar?

Sí. Ahora me he estado bajando cosas de escultura china. No quieren una cultura concreta, para la producción con ellos. También quieren elementos de la cultura occidental, elementos élficos de Tolkien, etc. Un puntillo de steampunk puedes poner, pero no puede haber engranajes de metal, sino todos de madera.

¿Eres muy proTolkien?

No excesivamente, pero me gusta. No soy un fanático de nada, creo. Pero lo conozco y me gusta.

¿Y Juego de Tronos?

No, no me gusta. No puedo con ellos. Juego de Tronos está en la frontera del videojuego para mí. Y yo nunca he jugado con videojuegos. Para mí, no puedes matar a un protagonista. En una historia, en una trama tradicional, puede morir, pero no es un juego. No es un teatrillo de emociones. No me gusta eso de “ahora que os habéis encariñado con él, lo mato para jugar” y no por una necesidad de la trama. Por eso no entro en Juego de Tronos. Tolkien le hubiera dado un paraguazo al tío de Juego de Tronos. Tolkien hablaba de la eucatástrofe para referirse a que la desgracia debía tener un sentido. Yo resumo que Juego de Tronos es follar-matar.

Eres el comiquero revelación.

(Risas). Me han acogido muy bien. Tengo la suerte de que dibujo muy rápido. Me organizo bien el dibujo y no me suelo equivocar. En la pintura sólo tienes una oportunidad, que es el cuadro. Por eso, antes de hacer el cuadro dibujas bocetos, probaturas. Es como si prepararas algo para interpretarlo una vez. Y lo preparas tanto, que bueno, al final sale. En cambio, en el cómic no te lo juegas todo en una viñeta. Incluso te puedes permitir que alguna viñeta sea más de transición. No todo puede ser chicha. Y yo juego mucho a eso. El cómic no necesita tanta preparación, pero haber pintado mucho me facilita componer deprisa la viñeta. A entintar, aprendí hace dos años. Antes no sabía ni lo que era. Y me fascinó. Es como si de tocar una guitarra me hubiera pasado a tocar un ukelele. Es un instrumento diferente pero te sirve lo que sabes del otro. Por otra parte y contestando a tu pregunta, es cierto que acabo de llegar y tengo la suerte de que ya me publican los cómics.

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¿Has ilustrado a otra gente?

Sí, a Margalida Pons y varios poemarios de Antònia Maria Fiol.

También hiciste un tarot.

Sí. Eso fue también otra iniciativa de Ink and Drink. Fue una apuesta: a ver quién hace un tarot. Entonces, empezaron a asignar cartas a los dibujantes. Y yo fui el único que la hizo. Y dije, voy a hacerlas todas. Hice un tarot entero, steampunk. Y lo hice, lo imprimí y se ha vendido casi todo, me quedan saldos. Hay emperadores prusianos, fumanchúes, una reina klimtiana, una especie de bruja, un buhonero, payasos, un juez, una bailarina de can can… Personajes steampunk… Ha funcionado muy bien en Barcelona y sigo vendiéndolo por internet. Como ves, todo este cotarro es La Madriguera. Como no tenemos ese punto de orgullo artístico, a veces intervengo en las esculturas de Tomás. Y no tenemos manía de hacer estos juguetes. Los pintores lo verían como algo superficial. Ya debes saber que los pintores tienen muy mal concepto de los ilustradores y comiqueros, porque es como si no llegáramos a la esencia de la vida. Y es una tontería: todo el mundo está metido en la cultura de masas, no hay cerebros puros.

¿Qué te parece Tim Burton?

Cuando era joven hacía maravillas. Yo cuando veo el corto Vincent, me parece increíble. Pero lo que hace últimamente, no tanto. Cuando vi Alicia me dije: “Hostias, esto qué es”. Lewis Carroll no es nada épico. Burton no puede convertir eso en dos bandos que se van a una batalla. Eso no puede ser. El que me fascina es Wes Anderson. No puedo dejar de ver Life Aquatic. Ese sentido del humor tan… Me parece genial. Con el tiempo se volverá más convencional, pero esa desvergüenza de hacer películas casi únicamente por la estética. Viaje a Darjeeling es todo color. Con Donde viven los monstruos también aluciné. Para un dibujante es ver composición todo el tiempo. En esta película hay una imagen genial: cuando uno de los monstruos se come al niño para protegerlo. Esto no es capaz de crearlo ya Tim Burton. Ahora te hace un guión previsible y con espirales. Yo creo que se le acabó el momento. Robert Smith tampoco está sacando gran cosa, es un poco soporífero. Yo pienso que ése es el miedo del artista: que se acabe algún día. Por eso yo nunca desaprovecho una idea. Las apunto todas porque algún día se pueden acabar. Si algún día empieza la cosa a no funcionar, que por lo menos tenga ideas. Cuando tengo una, incluso paro el coche. No hay cosa que me reviente más que tener una buena idea y no apuntarla.

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Elena Vallés
About Elena Vallés
Periodista quan em deixen. Sóc fan d'Enric González, de les cróniques de Joan Didion , de les columnes de José Luis Alvite, de les entrevistes de Rafael J. Alvárez, dels articles de Rosa Olivares i de la mala hòstia a cops mala de justificar de Carlos Boyero encara que Jordi Costa sigui més bo. Més apropet, I really love Matías Vallés facts. 'Diario de Mallorca' és ca meva des de 2007. Vaig començar a 'El Mundo/El Día de Baleares'. M'agrada l'art perquè té a veure amb el fracàs i la dissonància. El periodisme es resumeix perfectament en aquesta frase: "En cada mesa, un Vietnam".