Aina Bestard, En tierra de nadie

 

Aina Bestard

Sus trabajos atesoran un estilo naif, retro y detallista. En la última feria de Bolonia de libro infantil, la mallorquina de 33 años deslumbró con las ilusiones ópticas del proyecto ¿Qué se esconde dentro del bosque?, que se publicará en seis idiomas. Si la edición funciona, se enfrentará en la misma línea con los secretos que esconde el mar. En breve, presentará dos propuestas nuevas en una feria en Fráncfort. Y dentro del campo adulto, se plantea una guía ilustrada de ciudades del mundo. El tiempo que le queda lo dedica a una curiosísima web cuyo germen está en las sugerencias de visitas y planes que ella misma elaboraba para los clientes del airbnb que posee en Pina. En benmallorquí.com recomienda con agudeza a los visitantes los locales frecuentados por los lugareños: el bar Flexas, Literanta, Cal Dimoni o la Sifoneria… O señas de identidad como la sobrassada, los Antònia Font o los siurells. Trabajó cinco años en Camper y uno en Vialis. Estudió en Barcelona, ciudad a la que ha regresado. “Aunque sigo pasando más tiempo en la isla”, confiesa.

40PUTES: ¿Es el libro infantil la salida más habitual de los ilustradores?

Aina Bestard: Depende. En los másteres y cursos siempre nos decían que la salida del libro infantil era la más golosa y en la que todo el mundo se podía explayar más, pero que también era muy difícil entrar en ese mundo. Después está la opción de hacer ilustración para prensa, moda o estampación.

¿Qué es lo más complejo cuando se ilustra una publicación para niños?

La idea. Son procesos muy lentos. Por ejemplo, este último libro [¿Qué se esconde dentro del bosque?] me ha llevado dos años. Elaborar el concepto, hacer la maqueta, mostrarla, ir a editoriales hasta que te la aceptan, entrar en una colección determinada, etc. Hay un consumo de ilustración mucho más inmediato que es el de la prensa. Haces la ilustración, se publica y cobras. Hacer un libro tiene un punto arriesgado pero es más apetecible.

¿Les falta ilustración a los libros para adultos?

Las cubiertas muchas veces están ilustradas. Asimismo, hay que tener en cuenta el boom de la novela gráfica, aunque yo prefiero llamarla cómic. Los británicos tienen un punto mucho más gráfico en las cubiertas de los libros. Son muy de marketing, hacen mucha tipografía. Los franceses también son muy buenos haciéndolas.

España tiene menos tradición. A finales de la dictadura, la industria editorial hubo de crecer muy deprisa.

Es posible que sea por eso, sí. Estoy de acuerdo.

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Empezaste diseñando zapatos. Has trabajado para Camper y Vialis.

Sí. Estudié Moda e Indumentaria e hice un máster. Además, tenía muchas ganas de vivir en Mallorca. Toda mi familia es de aquí. Y cuando acabé la carrera en Barcelona, de las pocas salidas profesionales que me interesaban en plan empresa, Camper me parecía la más interesante. Estoy hablando de hace ocho o nueve años. Entonces, intenté a muerte entrar en Camper y lo conseguí. Por entonces, por el nivel de la colección que hacían, los proyectos de experimentación, de diseño, marketing y todo lo demás, Camper era una empresa muy completa.

¿Es Camper un ejemplo de cómo se ha de trabajar la imagen en una empresa?

Lo hacen muy bien, controlan el mensaje que quieren transmitir. Recuerdo la gran campaña de The Walking Society, del slow. Antes de que llegara todo este movimiento slow, ellos ya lo estaban poniendo encima de la mesa con Mallorca como ejemplo. Lo cierto es que han sabido llegar muy lejos. Tienen un concepto del diseño diferente al de otras empresas españolas que se dedican al sector de la moda. Han dado oportunidades a muchos diseñadores. Venimos de un país en que una de las máximas empresas, el grupo Inditex, se dedica básicamente a hacer una moda muy de tendencia por no usar la palabra “copiar”. Ni experimentan ni arriesgan nada. Camper sí lo ha hecho y ha conseguido llegar lejos haciéndolo.

Desde fuera y ocho años después, ¿cómo ve la firma ahora?

Están haciendo el paso que tenían que hacer. Había llegado un momento en que la fórmula se había saturado y creo que están apostando por otra más moderna y actual con un director artístico que proviene del mundo de la moda, Romain Kremer.

¿España está muy atrasada a nivel de imagen?

No sé si la palabra es atrasada, pero da la sensación de que hay pocos recursos o que no hay visión de que esto sea importante aún. En España cuesta invertir en imagen.

¿Cataluña es un oasis del buen diseño?

Sí. Barcelona está bastante machacada ahora, pero lo es. En Cataluña siempre ha habido una cultura del diseño bastante importante. Viene de una tradición burguesa e industrial que en otras zonas de España no se ha dado. Da la sensación de que están más cerca de Francia en algunos aspectos.

¿Le gustaría dibujar su propio cómic?

Sí, pero tengo dudas. Siempre me salen cosas muy infantiles. He hecho blogs. Tenía uno sobre una historia de amor narrada. Pero creo que era cursi. Intento siempre hacer otras cosas. Por ejemplo, ahora estoy con la web benmallorquí, con una ilustración más para adultos.

¿Qué se esconde tras el proyecto de benmallorquí?

Durante estos años he estado recibiendo en Mallorca a mucha gente de fuera. Tenía una casa en Pina, que es donde vivo, y por cosas de la precariedad laboral tengo un airbnb allí. A las visitas de mis amigos que venían de Barcelona y a la gente del airbnb siempre les escribía un mail con todo lo que tenían que hacer, cómo, y también los lugares que yo visito y el consumo que yo hago en la isla, que es un consumo diferente al del turismo habitual. Entonces, llegó un momento en que me dieron ganas de aplicar todo esto en un proyecto. Y nació la web benmallorquí. La idea es que sean textos de gente de aquí sobre lugares que los mallorquines frecuentamos. Y también explicar qué es un siurell, una sobrassada, etc. Explicar qué cosas son las buenas y cuáles no tienen interés en realidad. Una de las cosas que también me hacía gracia era explicar el consumo cultural que se hace aquí: grupos de música, etc. Se está empezando a recuperar la cultura folk, la artesanía pero también quería que se mostrara lo más contemporáneo.

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¿Cuándo se publica Qué se esconde dentro del bosque?

Hacia el 21 de septiembre. En catalán, lo edita Cossetània. Es un libro de ilusiones ópticas. Dentro del mundo infantil, el tema de las ilusiones y de engañar el ojo siempre me ha interesado mucho. Y dentro del mundo infantil tiene muchas aplicaciones. Ahora se está usando también en el mundo adulto. Por ejemplo, Álex Trochut, un especialista catalán en tipografía afincado en Nueva York, está empezando a hacer mucha obra gráfica con ilusiones ópticas. Es un mundo que me divierte mucho y los niños se vuelven locos. Es como magia.

Ya sois un nutrido grupo las ilustradoras mallorquinas: Flavia Gargiulo, Nívola Uyá, Anapurna, Margalida Vinyes, Lluïsa Febrer, Marta Masana… ¿Eráis más mujeres que hombres en la carrera?

No sabía que éramos tantas. El mundo editorial infantil es muy femenino excepto en las altas esferas. Igual se necesita masculinidad en ese mundo. En la feria de Bolonia, la de libro infantil más importante de Europa, sólo hay mujeres. Sí que se necesitarían más hombres para encontrar el equilibrio. En cambio, el mundo del cómic sí que es más masculino y ahora han surgido mujeres muy potentes como Let’s Pacheco!, Moderna de Pueblo… Es de agradecer. Pienso que lo hacen muy bien.

La ilustración siempre ha ido de la mano de los fanzines y el underground. ¿Te interesa ese mundo?

Me interesa, pero no he participado en él. El año pasado sí hice un trabajo con Rua Edicions para un fanzine. Pero estaba muy agobiada porque soy muy fina y femenina con el dibujo. Provengo de una tradición muy detallista. Al final hice una ilustración y salió adelante. No es un mundo en el que yo me sienta cómoda. Pero no porque no me guste. Uno de mis comentarios cuando veo a gente más trash es “ojalá yo pudiera hacer eso algún día”. Me gustaría explorar más campos pero me cuesta.

Con el movimiento Riot grrrl, la ilustración también avanzó mucho.

Sí. Gracias a movimientos así, estamos preparadas para dibujar sin ningún tipo de angustia cualquier discurso y estilo. Después vienen los gustos personales. Pero es cierto que cada vez están surgiendo más mujeres. Recuerdo perfectamente la época de la grafitera Miss Van en Barcelona. Era el rollo arte urbano trasladado al mundo femenino, pero muy potente.

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¿Por qué tipo de historias te decantarías si te pusieras a dibujar cómic adulto?

Autobiográficas. Historias de terrenos personales, sobre las relaciones. Me gusta más el tema de diario personal con reflexiones personales. Pero muchas veces me pregunto cuando las estoy escribiendo: ¿y a quién le importa lo que estoy contando?

Imagino que sería una narración realista.

Sí, porque para la fantasía ya tengo lo de los niños.

¿Cómo definiría su estilo?

Naif e infantil. Detallista. Por eso también me fue bien trabajar en Camper. Porque ese punto tan naif y de colores planos encajaba con ellos. Siempre han hecho zapatos que son iconos. Ese es su fuerte. No hay nada mejor que hacer zapatos que se puedan dibujar con un trazo.

¿Qué has tenido que sacrificar para dedicarte a esto?

El maravilloso mundo de la vida estable. Pero lo sacrifico con mucho gusto. Dibujo cada día. Cuando estaba en Camper y Vialis tenía absoluta tranquilidad. Una de las cosas que da más miedo en un mundo como éste no es tanto lo que tú puedas generar sino lo que te pueda ofrecer dicho mundo. Pero te acabas organizando. Sí está ese punto de la vida del autónomo en España. Blackie Books ha publicado precisamente un libro sobre el tema: Autónomos, la guía definitiva. Encima de ser autónomo, has de pagar a un gestor porque si no te dan por todos lados. El sistema te aboca a una persona para rellenar todos esos papeles. Realmente, algo no está funcionando bien.

¿Has pensado en marcharte de España?

Sí. Ahora, sí. Y también un poco porque da la sensación de que fuera da menos miedo hacer cosas y arriesgar.

¿Tu trabajo encaja más en el extranjero?

En ciertas cosas, sí. Fuera da la sensación de que saben lo que es ser ilustrador. Aquí dices que lo eres y mucha gente te pregunta: “¿y qué haces, dibujitos?” Está muy poco valorado. Porque los diseñadores llegó un momento en que alcanzaron un estatus. Fue en los años noventa. A partir de entonces, ser diseñador era guay. Ya podías ir contándoselo a todo el mundo. Ser ilustrador es “¿cómo, pero tú qué haces, vives de esto, de dibujar?”

En cambio, la gente sí tiene claro lo que hace un pintor o incluso un dibujante de cómics. ¿Te sientes en tierra de nadie?

Sí, de hecho, para Hacienda, en el modelo 036, estamos dentro del grupo artesanos, ceramistas… Los ilustradores estamos un poco en tierra de nadie. Pese a ello, es cierto que en los últimos años ha habido un boom de la ilustración. Pienso que dentro de unos años todo será un poco diferente.

¿Qué color no le favorece a tu dibujo?

Me cuesta mucho colorear. Yo soy de línea y de textura, y de llenar con la línea. De hecho, poner color me supone mal rollo. Estoy haciendo un libro infantil para colorear que es todo línea negra y estoy disfrutando mucho. Como soy muy de detalles, prefiero ir llenando de texturas. Me relaja mucho ir haciendo los detalles, me concentro. Por eso no utilizo apenas color.

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¿Qué tiene de positivo trabajar por encargo?

Yo hago dos tipos de trabajos: por un lado encargos y por otro proyecto propios. El libro ¿Qué se esconde dentro del bosque? se va a traducir a seis idiomas: castellano, catalán, francés, alemán, inglés y ruso. Y ahora a lo mejor se apuntan los coreanos. En Bolonia gustó mucho. En general, debo decir que disfruto más con mis proyectos personales. En los trabajos por encargo hay un proceso de seducción más elaborado. Y necesitas mucha más aceptación por parte del cliente. Cuando lo que has hecho gusta y te aplauden por una cosa que es de encargo y te has tenido que adaptar es muy de subidón. Pero que guste tu propio proyecto, en el que no has tenido que recortar nada, también es muy gratificante.

¿Ilustración conceptual o narrativa?

Me interesa más la conceptual. En este libro que sale ahora se trataba de trabajar, a través de una pequeña historia y las ilusiones ópticas, qué se esconde detrás de algo. Me interesa más esto que no estar ligada a una narración. Pero supongo que me viene también porque provengo del mundo del producto, de hacer estampados, cosas más cerradas y con sólo una idea. Ahora estoy descubriendo el mundo narrativo y estoy aprendiendo a trabajarlo.

¿Cuáles son tus referentes?

La verdad es que no tengo muchos. Mis referentes estéticos gráficos o de background visual están más en el mundo de la cultura folk de los distintos países del mundo. Por cosas de la vida, estoy acostumbrada a ir a museos etnográficos, a ver mucho arte popular de cada país, y es un mundo donde el detalle en la representación de la naturaleza y del hombre es muy rico.

También te deben gustar mucho las maternidades.

Sí. Me interesa Piero della Francesca, por ejemplo. Sonará muy esnob, pero todo lo que es el primer Renacimiento está plagado de imágenes muy potentes. El gótico y el románico es otro mundo que siempre me ha interesado también. Es una época de formas de representación del mundo, y en el fondo la ilustración también es eso. La representación de los árboles, las aves, siempre había detalles que eran muy divertidos. Esas iglesias que están pintadas de azul y tienen como estrellitas de oro son una maravilla. Mi padre y mi madre me han educado mucho en este sentido. Todo esto es gracias a mi madre, que hacía que me fijara en todos esos detalles cuando era pequeña. Mi madre es artista y mi padre es antropólogo. Y hemos viajado mucho.

¿Qué cultura es la que más te interesa?

Asia, quizá. Ahora vengo de estar 15 días en Hong Kong. Lo de Asia es finura, la delicatessen del mundo del arte, desde la cerámica, los muebles, cuadros que tienen colgados en los templos. Todo es de una elevada finura a nivel de representación, un hecho que proviene de hace siglos. Cuando nosotros estábamos cazando Myotragus ellos ya habían hecho porcelana fina. Son muy exquisitos a nivel cotidiano. Por otra parte, también me interesan mucho las culturas del este. Por temas familiares, hemos ido mucho a Polonia, y todo lo que es el arte popular de la gente del campo, lo que hacen con la madera y cómo pintaban las casas por dentro… Aquello parece México. Tienen mucho colorido, flores. Como pasaban inviernos muy duros, las casas las pintaban mucho pero con unos detalles muy bonitos. Nosotros también tenemos los siurells y las teles de llengües.

Cuando has de solucionar un problema con un dibujo, ¿dónde acudes?

Soy anarquista en este aspecto. Lo puedo encontrar desde en una revista, en Google o hasta en un libro que tenga en casa. Con estas cosas no tengo mucho filtro. Si necesito una cosa, la busco y la soluciono. Parece que queda bien decir que tienes unos clásicos… Pero en el tema de solucionar algo determinado, a mí se me multiplican los lugares donde puedo encontrar dicha solución.

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¿Existe el estilo infantil como tal?

Sí. Hay un estilo infantil que se puede aplicar o a consumo de adultos o a consumo de niños. Pero obviamente hay un estilo naif. Y hay un estilo que puede ser más preciosista y otro estilo infantil que no lo es tanto. Todo depende de a qué lo aplicas. Los libros infantiles también interesan a los adultos. Creo que el estilo naif despierta ternura, nos abre el corazón en cierto sentido. Hay mucha gente que compra libros infantiles por su valor gráfico. Yo lo he hecho durante toda mi vida. Y lo sigo haciendo. Hay diseñadores con nombre y artistas adultos que compran libros infantiles por su valor gráfico. No creo que sea un estilo menospreciable.

 

Elena Vallés
About Elena Vallés
Periodista quan em deixen. Sóc fan d'Enric González, de les cróniques de Joan Didion , de les columnes de José Luis Alvite, de les entrevistes de Rafael J. Alvárez, dels articles de Rosa Olivares i de la mala hòstia a cops mala de justificar de Carlos Boyero encara que Jordi Costa sigui més bo. Més apropet, I really love Matías Vallés facts. 'Diario de Mallorca' és ca meva des de 2007. Vaig començar a 'El Mundo/El Día de Baleares'. M'agrada l'art perquè té a veure amb el fracàs i la dissonància. El periodisme es resumeix perfectament en aquesta frase: "En cada mesa, un Vietnam".