Agustín Fernández Mallo, Me & my bunker

Agustín Fernández Mallo

És fàcil odiar-lo, com és fàcil odiar tota persona exitosa en el seu camp i amb una gran influència. I parl dinfluència de bon de veres: Agustín Fernández Mallo va canviar la literatura en castellà per sempre més, la va desfigurar per complet, incinerant muntanyes de naftalina, i mai no tornarà a ser la mateixa. També va obrir la caixa de Pandora: darrere seu apregué tota una generació descriptors mediocres que pensaven que citar Sr. Chinarro i parlar de robots els convertia en els éssers més originals del món. Però ell no en té la culpa, daixò. I encara que sembli poc modest quan parla del que va suposar la trilogia Nocilla (Nocilla Dream, Nocilla Experience i Nocilla Lab, publicats el 2006, 2008 i 2009 respectivament), en el fons ho fa com qui exposa una dada científica. És així i punt. Si te cou, te grates. 

Amb Limbo (Alfaguara, 2014), la seva quarta novel·la i probablement la seva millor obra, Fernández Mallo amplia el seu univers poètic amb una narració sorprenentment obscura en què juga amb el gòtic americà, els diaris de segrest, la musicologia metafísica i, clar, les road movie. Tot al servei duna visió del món que no serà nova, però que pocs han sabut explicar com ell, lescriptor no-mallorquí més important dels nostres temps.  

40PUTES: Después de dar por finalizada la trilogía Nocilla, ¿te sientes como si éste fuera un nuevo principio? 

Agustín Fernández Mallo: No. Aunque ésta es una novela formalmente distinta, hay muchos temas que son constantes en mi obra, también en mi poesía. 

Me refería, precisamente, a que se aparta en parte de las novelas Nocilla, aunque haya esos puntos de conexión. 

Sí, se aparta porque quería explorar otros caminos. No quiero repetirme a mi mismo. Soy de los que pienso que el mayor acto de respeto para con el lector es ignorarlo. Así que escribo para mí, para investigar mi propia poética, y según mis necesidades creativas voy tirando por un lado o por otro y nunca pensando en repetir algo que me funcionó anteriormente. Al final eso se nota, si lo haces así. Sencillamente había temas que me interesaba abordar. Está el tema del doble, el clon, el gemelo, que ya estaba en otras cosas que había escrito. Estaba el tema del sonido, de tratar al sonido como un personaje. 

¿Cuál fue el punto de partida para el libro? 

Fue algo muy anecdótico, aunque luego tomó importancia en el libro, si te refieres a cómo empecé a escribirloEstando en Guatemala de promoción de alguna novela, no recuerdo cuál, en la mesilla de noche encontré un Nuevo Testamento, algo muy normal en muchos países. Empecé a ojearlo y me di cuenta de que el Nuevo Testamento tiene una estructura muy moderna, súper contemporánea: es un libro hecho por muchos autores, una obra colectiva; es un remake de un remake de un remake sobre la vida de una persona, que es Jesucristo; es un libro que lo abras por donde lo abras tiene sentido, como si fueran microrelatos o una literatura-blogEn ese momento me pareció algo muy obvio, hasta el punto que me pregunté cómo no había caído en eso antes. Y esa noche en Guatemala ya estaba escribiendo algo sobre eso, donde un personaje lleva ese argumento hasta el extremo y llega a asegurar que el Nuevo Testamento no es el Libro de los Libros sino el Blog de los Blogs y se imagina a los apóstoles como una especie de internautas primitivos. Ésto, al personaje, le lleva a investigar más el Nuevo Testamento y se da cuenta de que en el libro no hay ninguna alusión a ningún sonido, excepto la palabra hablada, excepto una vez que aparece una trompeta. Curiosamente, en los diarios de Kafka, se da cuenta de que también hay una sola alusión al sonido y es también una trompeta. A partir de ahí crea toda una maquinación teórica según la cual en toda la literatura contemporánea no hay sonidos, que no es muy descabellado. O sea, hay música, se habla de música, pero tratar al sonido como un personaje no es tan habitual. Y según él esa tara de la literatura contemporánea estaba ya en el Nuevo Testamento, y de ahí arranca toda la tradición literaria con esa tara, digamos. Y, bueno, eso tendrá consecuencias cuando el personaje, que es músico, componga canciones… 

Ésa es una de las tres líneas argumentales del libro… 

Sí. Una es el viaje de costa a costa por los Estados Unidos de una pareja, en la que él va buscando lo que llama el Sonido del Fin, una idea metafísica pero que él cree firmemente que existe. Otra historia de una chica que fue secuestrada en México que nos cuenta cómo fue aquel secuestro, pero sobre todo la relación con su propio cuerpo y su sexualidad mientras estaba secuestrada, que era algo que nunca había oído tratar. ¿Cómo es la sexualidad de una persona secuestrada y qué implica en cuanto al desarrollo de su identidad? Y luego está la tercera gran historia, que es la de los dos músicos mallorquines, uno de ellos Joan Feliu de Vacabou, a los que un productor musical les convence para que vayan a grabar su nuevo disco al norte de Francia, a un castillo en el que hay un estudio de grabación. Cuando llegan ahí ven que están solos, que hay un estudio pero no hay nadie ahí para grabar, y empiezan  a ver que en ese château, con un ambiente casi kafkiano o a lo Stephen King si quieres, empiezan a pasar cosas, ven que ahí han grabado muchos grupos, sus discos secretos o no, y se aparecen los fantasmas, no fantasmas con cadenas, pero sí empieza a viciarse la relación entre los dos músicos, dos músicos interesados no tanto en hacer canciones pop y rock como investigar el ruido. Graban ruidos, hacen canciones muy prolongadas, y eso en un momento dado empieza a tener consecuenciasBueno, tampoco es cuestión de contarte toda la novela, pero están esas tres grandes tramas, esos tres grandes desarrollos. 

Tres historias relacionadas entre sí, por otro lado. 

Sí, porque la mujer de la pareja que viaja por los Estados Unidos es la joven secuestrada y el chico es uno de los chicos que habían ido al château, porque es en pasado. Es ahí donde juego con la idea de la muerte o de los dobles que vamos dejando atrás, como muertos de nosotros mismos que vuelven continuamente. Entonces no queda demasiado claro si ese viaje por los Estados Unidos lo están haciendo dos personas muertas. Se juega mucho en el libro con la idea de las identidades que vamos dejando atrás, supuestamente muertas, pero que tarde o temprano regresan, como un estribillo musical. 

AFM - LimboTambién juegas con las fronteras, aquellas cosas que se quedan en la frontera, de ahí lo de limbo. 

Precisamente por eso Limbo empieza con un relato sobre cómo se desarrolla la teoría de la mecánica cuántica de Heisenberg, que la desarrolló en quince días en una isla perdida del mar del norte, en un ambiente como del Romanticismo. Heisenberg llega a decir que para desarrollar la teoría tuvo una intuición: fijarse sólo en los estados iniciales y finales de las cosas, eliminando todo lo que hay en medio. Yo lo que vengo a decir con Limbo es precisamente lo contrario: lo que me interesa es lo que hay en medio, precisamente ese territorio de frontera, límbico, y la idea de que una frontera no es una línea recta que trazamos, sino que tiene un espesor y una anchura. Es en ese territorio impuro donde se dan las metamorfosis, donde uno puede estar vivo y muerto al mismo tiempo. O cosas más prosaicas, como dónde empieza y termina un sonido. O una relación. Y como siempre me interesa mucho trabajar con lo que podríamos llamar la alta cultura, que está muy presente, pero también la basura del popDe hecho, a mi siempre me han dicho que trabajaba con el pop, pero a mi siempre me ha parecido que trabajaba con aquello residual del pop, algo así como el spam que genera el pop. Siempre me ha interesado trabajar con esa basura y rescatarla como material estético. 

Lujo y miseria. 

Eso es. 

En todo caso, sí creo que era un paso importante para ti, como escritor, el posterior a la trilogía Nocilla, que tuvo una gran repercusión. 

Sí, sí. Era un paso importante que yo intenté dar sin tener en cuenta que era un paso importante. Para ello, como siempre he hecho, he intentado estar la mayor parte del tiempo aquí, en mi casa, aunque como viajo tanto no me dejan, pero siempre intentando estar alejado de los cenáculos literarios, de los centros de poder, que están en Madrid y en Barcelona, porque luego te vuelves loco. Me refugié en el ámbito doméstico, incluso el isleño, e intenté extraer de ahí una poética, porque así es como he escrito siempre, porque todo lo que se conoce mío lo había escrito antes de que nadie me conociera. Intenté volver a crear lo que me apeteciera. 

¿Toda la trilogía estaba ya acabada antes de que publicaras la primera parte? 

Claro, completamente acabada, y a mí no me conocía nadie. Bueno, en la poesía sí tenía cierto predicamento pero como sabes tener predicamento en la poesía es como si no te conociera nadie. 

No es lo primero que pondrías en el currículum para buscar trabajo… 

(risas) Entonces sí, yo sabía que era un paso importante para mí, pero intenté olvidarme de ello lo más posible, no atender a la voces que me decían ahora lo mejor es hacer esto”… Decidí hacer lo que me saliera de los huevos, como he hecho siempre, y que salga lo que salga. 

Así que se puede decir que vivir en la isla sí tiene una gran influencia en tu trabajo. Yo siempre he pensado que aquí hay tantos grupos de música por el doble efecto del aislamiento y el aburrimiento. 

Justo el otro día, cenando con Eloy Fernández Porta, empezamos a hablar de Antònia Font i sobre algunas de las rarezas que se dan en la isla, y yo le comparaba Mallorca con Galicia. Galicia a su modo es una isla, en parte porque está rodeada por una cordillera, y sólo así pueden entenderse que aparecieran allí grupos como Golpes Bajos o Siniestro Total, que eran cosas raras, o que hoy en día haya una escena musical muy rara, porque es rara, en Galicia. Ambos son lugares a los que llegan ecos del mundo, pero como están medio aislados lo reconvierten a su manera… 

Había una anécdota que atribuía la génesis del rocksteady y el reggae a la defectuosa recepción que tenían en Jamaica de las radios americanas. Escuchaban rhythm & blues i soul, pero les llegaba con interferencias. De ahí vendría el rasgueo de la guitarra típico, que encajaba además con los ritmos africanosEs una versión apócrifa, pero me gusta esa idea de que nació todo de una percepción errónea. 

Pues es una buena comparación. Son el tipo de cosas que se dan en los lugares aislados, y yo a mi manera intenté crear también a partir de las interferencias que me llegan sin intentar racionalizarlas demasiado ni estudiarlas. Por ejemplo, para hablar del sonido, que aparece mucho en el libro, no me documenté nada. A partir de las referencias que yo ya tenía y a partir de lo que me iba sugiriendo el tema poéticamente hablando, desarrollando, retorciendo, llevando las cosas a estructuras mías, que es como he creado siempre. 

Frida Laponia¿Has tenido tiempo para distanciarte un poco del fenómeno Nocilla y poder ver con la distancia la onda expansiva que causaste en su momento? 

La verdad es que lo detecto pero no lo pienso, porque si me quedo anclado en aquello me impide progresar. Sí que lo que tengo muy claro, y además esto está ya reconfirmado por críticas y estudios, que fue de los libros más importantes de la literatura en castellano de los últimos diez años. Y digo importantes, no mejores, porque no puedo decir mejores. Pero importantes sí, porque generaron una onda expansiva de reconversión, se abrieron caminos, y eso te lo dicen incluso los editores. Hablando el otro día con (Jorge) Herralde me dijo no sabes la de Nocillas que me llegan todavía. Han surgido auténticos monstruos que no hay quien los lea, pero otros también son buenos. Pero yo todo eso tengo que mirarlo con mucha distancia porque si no me quedo anclado ahí

Cuando algo llega al mainstream, el discurso acaba achatado, convertido en anécdota. ¿Temiste en algún momento convertirte en esa anécdota? Creo que con el paso del tiempo la apreciación de tu trabajo es más relajada, ya no de facciones, en plan tigres, leones, como era en pleno fenómeno Nocilla. 

Sí, eso es cierto y se nota. Ahora cuando la gente habla de mi obra lo hace de forma menos visceral, mucho más aséptica y tranquila, con una distancia. Y por supuesto cuando hablan de mí, porque como sabes aquí cuando uno hace bien algo o triunfa en algo se le odia. Yo ya estaba acostumbrado a que cuando alguien quería meterse con algún autor joven a quien ni conocía ya de paso se metiera conmigo, así, por la puta cara. Entonces es cierto, el tiempo da otra perspectiva a todo el mundo, tanto a los que hablaban bien como a los que hablaban mal, y lo que ha quedado es que fue algo importante y que fue un revulsivo… 

Un revulsivo que incluso podría atribuirse los movimientos contrarios de respuesta, como el Nuevo Drama

Sí, bueno, el Nuevo Drama es un movimiento construido ad hoc, construido por un grupo de personasEl Nuevo Drama sí es un movimiento irrisorio porque ni muchos de los que estaban ahí dentro sabían que estarían en un libro con ese título y con ese prólogoen fin, creo que no merece mayor comentario como Nuevo Drama. Eso sí, ahí dentro había y hay escritores buenísimos, y lo que sí es verdad es que ha habido un vasculamiento hacia posturas estéticamente más conservadoras en la literatura, como por otra parte no es raro en tiempos de crisis. En tiempos de crisis la gente tiene miedo y suele recurrir a estructuras que ya conoce, donde todo suena al calorcito de la hoguera y la leche materna. 

Pero más allá de la validez del Nuevo Drama, a lo que me refiero es a que hay una nueva vitalidad en la narrativa que surgió con Nocilla. 

Sí, eso es lógico. Aunque sean estructuras más conservadoras, el ADN de todo lo que se hizo antes ya está ahí. De la misma forma que en mi trilogía hay también parte de las literaturas a mí, porque no puede ser de otra manera. Es muy lógico. Yo modestamente pienso que sí, cuando leo a esta gente veo que hay una serie de rupturas que generó el proyecto Nocilla. Lo veo muy claro. Y eso los críticos, incluso los más reaccionarios, lo ven y lo admiten claramente. Para mí eso es sólo motivo de orgullo. Pero insisto, yo no me quiero quedar ahí. No quiero recrearme en esas cosas. El cuerpo me pide progresar, continuar. 

La última vez que nos vimos creo que fue durante unas Converses de Formentor y me dio la sensación que eras un soldado abandonado en su trinchera. ¿Te has sentido así muchas veces a lo largo de estos años? 

Muchísimo. En la música quizás sea diferente, porque suelen ser grupos, hay una especie de micromundo, entre ellos se protegen, crean su propia burbuja y todo se lleva mejor, lo bueno y lo malo. Pero el escritor es siempre él solo. Y a tomar por culo. Y cuando haces giras vas solo. No hay fiestas en el hotel después del concierto. Por la noche miras el techoO te llevan a cenar, normalmente gente que no te interesa nadaEntonces muchas veces sí que me he sentido solo. Luego también, cuando te encumbran de tal manera, la gente que tienes alrededor reniega de ti, porque ya no le conviene estar a tu alrededor porque mediáticamente ya no le va bien, y te quedas por ahí penduleando. Por eso a mí me ha ayudado mucho para sobrellevarlo el vivir aquí, no estar metido en la política literaria española, por decirlo de algún modo, porque eso te hunde. Así que lo he ido capeando. Recuerdo un mes en la Colonia de Sant Jordi, con el mar y escribiendo, con una gran necesidad de aislarme, aislarme incluso dentro de la propia isla, para no tener que oír a nadie. Eso es lo más importante para mí, que nada de eso me influido a la hora de seguir haciendo lo que yo quiero hacer, sea bueno o malo, el resultado ya lo dirán otros. Ahora estoy con otro poemario, tengo dos novelas más en marcha y siempre intentando que sea desde la mayor independencia posible. 

Foto AFM 2011Lo has comentado de pasadaOtro de los efectos colaterales de Nocilla fue toda la literatura mediocre que generó

No, en eso sí que lo he tenido claro desde el primer día que yo soy sólo responsable de lo que yo firmo. Yo no soy responsable ni de lo que la prensa escriba de mí ni por supuesto de los monstruos que uno genera, ni siquiera de los aciertos que uno genera, porque el talento está en el otro, no en mí. Eso es normal. Cuando algo tiene esa influencia genera tanto basura como cosas buenas. 

Sé un poco malo, hombre. Te deben enviar textos malísimos. 

¿Que me llegan textos malísimos? Eso sí. Pero malísimos. Pero no me siento responsableLos peores siempre son los que copian exactamente lo que tú has hecho, porque es impostado. Y es no, tío, no, porque tú lo que tienes que hacer es tirar de un hilo y, vale que algo te mola, pero lo que tienes que hacer es tirar del hilo y construirte tu propio jersey. No estés copiando porque es malo. 

Antes has comentado que ya tenías la trilogía Nocilla escrita cuando todo empezó. Entonces, ¿cuánto tiempo has estado sin escribir una novela? 

Bueno, es que se cruzó por ahí El hacedor de Borges (remake). Y este lo empecé en 2011Bueno, habré estado años. Sin publicar, en realidad. Lo que pasa es que los tenía terminados pero, por ejemplo, Nocilla Lab, que salió en 2009, lo retoqué. Porque escribir he estado escribiendo siempre. Tengo novelas ahí guardadas. Nunca he dejado de escribir. Sobre todo híbridos que tomaran forma de novela o no, no lo sé

Todo ello dentro de un universo muy definido, esa poética tuya. ¿No te preocupa que tu universo sea algo demasiado preciso? 

No, porque se trata de un universo muy abierto. Entiendo que parezca cerrado porque además mis protagonistas están siempre muy aislados, pero están continuamente lanzando cabos y redes hacia un universo abierto. Es un discurso que de lo que habla es de la complejidad de la contemporaneidad. Cuando me dicen que soy experimental me parto de la risa, porque, seré experimental, pero parto de un universo realista. Mi literatura está completamente comprometida con la realidad, mi realidad. Hablo de revistas de música, de libros que leo, de tal canción… ¡Eso es la realidad, joder! Eso sí, es una realidad tratada de una manera compleja, que no complicada, pero porque vivimos en una realidad compleja. La realidad de alguien de hace cincuenta años era casi estática, porque iba a hacer lo mismo casi toda su vida; pero el mundo en el que vivimos hoy es complejo, es un organismo que debe tener en la literatura su adecuada plasmación, y yo creo que es lo que hago. Y no porque quiera hacerlo, sino porque no sé hacerlo de otra manera. Mi cerebro funciona así.

¿Pero no son todas esas ideas que elaboran tus personajes la expresión de una misma idea central? ¿Que nuestra realidad es, precisamente, compleja y fragmentaria? 

Puede ser, pero es que yo lo veo así. Me costaría pensar en el mundo de otra manera. Pero más que fragmentada, que es una expresión que hay que usar con cuidado, diría que es fragmentada pero a la vez unida por hilos; en mis libros hilos metafóricos dan cohesión y coherencia. Es como un día en la vida de cada uno de nosotros, que se compone de diferentes pedazos, pero cuando te vas a dormir te das cuenta de que tu día ha sido coherente. Esa complejidad compuesta por diferentes fragmentos pero en la que hay coherencia interna. Vale, tú puedes decir que eso podría ser un handicap, pero es que yo no puedo pensar de otra manera, porque también es verdad que cuando me siento a escribir yo no pienso ahora soy escritor. Soy el mismo que hacía cinco minutos freía un huevo. Entonces todo lo que pasaba por mi cabeza lo vierto luego estéticamente en la historia. No escribo lo que quiero, escribo lo que puedo. Para mí lo que sería un experimento sería intentar hacer una novela a lo Juan Manuel de Prada, porque pienso que ya nadie piensa así ni habla así, como en esos libros. Eso sí es experimental. 

A mí de Limbo me ha sorprendido el tono oscuro del libro, sobre todo por la historia del secuestro. Hay aquí trazos de algo que no había aparecido en tus anteriores trabajos. 

Sí, es algo que irá reproduciéndose a lo largo del libro con diferentes manifestaciones temáticas, como nuestra relación con los objetos, la idea de que los objetos nos hablan, que pueden llegar a ser algo terrorífico. En Limbo todos los personajes tienen una mirada respecto al mundo como desenfocada, como extrañada, que no es ni onírica ni surreal, es diferente: es como cuando la propia cotidianeidad se gira un poco y ves que hay algo ahí que no llegas a concebir o a saber y te produce verdadero miedo. 

Pero siempre ha habido un poco de ese pasmo en tus personajes. Todos parecen intuir lo complejo de la realidad y a la vez todos quedan pasmados ante ella. 

Eso es. Pero aquí esto es más acusado, porque nos lleva a consecuencias infinitas. Para mí al final es la mirada del poeta y del científico, que inicialmente es la misma: aunque la poesía y la ciencia sean cosas diferentes se enfrentan ambas a lo cotidiano con un ¿qué pasa ahí?. Cuando Newton ve caer una manzana todo el mundo ha visto caer una manzana, pero él se extrañó ante eso y de ahí salió la Teoría de Gravitación Universal. Vio la manzana como no la había visto nadie hasta entonces. Esa es la mirada del poeta también. Como un extraterrestre que aterriza en la Tierra y ve una manzana y se pregunta, hostia, qué es eso. Y eso está muy presente en mis personajes. 

¿Cómo se ha tomado Joan Feliu el aparecer en el libro?

Bien. Se lo pasé antes de que saliera y le pareció fenomenal, porque hay algunas anécdotas que son reales, como su obsesión con el helado de té verde. 

Siempre he querido hacerte la misma pregunta, que quizás sea bastante estúpida: ¿te consideras un escritor mallorquín? 

No. Yo no me considero un escritor mallorquín, pero tampoco me considero un escritor gallego. Me considero un escritor español. En tanto bebo de muchísimas fuentes, como cualquier persona que haga arte contemporáneo. El arte castellano, el arte vascoEso ya no tiene sentido. Somos globales. Tú mismo en la primera entrevista que me hiciste pusiste un ejemplo que lo decía todo: hoy en día puedes estar viendo en youtube la fiesta de cumpleaños de unos adolescentes daneses escuchando música y no enterarte de lo que sucede al lado de tu casa. Ya hemos crecido en ese mundo. Quizás yo no, porque soy más mayor, pero me interesa igualmente. Eso no quiere decir que desdeñe lo local, para nada: para mí el paisaje mallorquín ha sido determinante en lo que escribo, especialmente el paisaje del sur de la isla, de Ses Salines, por ejemplo, esa parte esteparia, que para mí es como el desierto americano, tiene mucha importancia. Pero eso no me permite decir que me considere un escritor mallorquín. 

Es que, siendo ya outsider por vivir en Mallorca, luego también eres un outsider aquí: excepto Vacabou, con los que mantienes una relación muy estrecha, o Pere Joan, tienes poca relación con la escena artística y cultural de la isla. 

Pero eso también es un rollo muy personal, que no tiene que ver con Mallorca ni con ninguna geografía concreta. Es que a mí la gente no me gusta. Personas determinadas sí, pero a mí no me molan las fiestas ni los eventos. A mí lo que más me gusta es estar en mi casa, con mis juguetes, con mi chicaEstoy allí feliz. Eso creo que se ve en mis novelas, donde siempre hablo de personajes aislados, un poco solitarios, y también explica por qué no se me ve por ahí. Mi novia intenta sacarme, llevarme a inauguraciones, pero hay que arrastrarme. Pero es que yo no vengo del mundo artístico. Yo vengo del mundo científico. Me he pasado veinte años trabajando en un búnker bajo tierra con radiación. No vengo del mundo del artista profesional que desde joven tiene que ir a inauguraciones y eventos para darse a conocer. Mi personalidad no tiene nada que ver con eso. A mí lo que me gusta es estar solo, a mi aire, y creando mis historias. 

Joan Cabot
About Joan Cabot

Ha escrit a MondoSonoro, Última Hora, Ara, Go Mag, Vice i D-Palma, a més de treballar durant molts anys en ràdio (Local d’Assaig a Ràdio Jove i Cara B a IB3 Ràdio). És membre dels grups Lost Fills i Forces Elèctriques d’Andorra.