Macky Chuca, Brothel sweetheart

Fins i tot qui sabíem de la passió de Macky Chuca per la literatura ens vàrem sorprende quan l’any passat els seus relats varen guanyar el Premi Cafè Món de literatura breu. La cantant dels indomables Mostros, que presenten el seu nou disc aquest cap de setmana, ha debutat amb “La reina del burdel” (Sloper, 2011), una col·lecció de contes que tracten la infància, la sexualitat, el desig i les cendres que deixa el foc al seu pas en un llibre poderosament suggerent i, sobretot, prometedor de cara al futur. Així que, a la fi, tenim entre nosaltres una escriptora amb tatuatges que molen de veres -i no estúpides orenetes- i  que no ens costa imaginar fent air-guitar escoltant els Wipers.

 

40PUTES: Puede que a más de un seguidor de Mostros le haya sorprendido descubrir tu vena literaria, ¿cuándo empezaste a escribir y cuándo decidiste que valía la pena mostrarlo?

Macky Chuca: Escribo desde siempre, ocurre que no me animaba a mostrarlo. Tengo cuadernos de tiempos inmemoriales. En determinado momento en que las cosas a mi alrededor no cerraban del todo me planté y pensé: “muy bien, la banda de rock que había querido siempre ya la tengo, ¿qué le falta a mi vida? Le faltaba ser escritora”, que era el otro disfraz que siempre había imaginado. Entonces fue juntar coraje para reactivar esa parte y aquí estamos.

40P: ¿Hay relación entre una y otra faceta? ¿Escribes punk-rock y cantas literatura?

M.C.: No, por suerte no. Además del tema del idioma -las canciones de Mostros son en inglés- la parte mía que escribe es una parte muy solitaria, muy volada por un lado y muy obsesiva por otro. Es una persona que se sienta a escribir con una rutina determinada, sola en su casa, en la biblioteca o en el bar. Sí hay una especie de contaminación cruzada de temas que pasan de las canciones a los relatos, más que nada porque las palabras están dichas por la misma persona, y la parte mía que escribe canciones tiene las mismas inquietudes que la otra parte. Con Mostros hay un trabajo absolutamente grupal en cada fase del proceso creativo. Las letras de las bandas o songwriters que me gustan son para escuchar cantadas, con todo el aparato de la banda alrededor, y con Mostros pasa lo mismo. Mis letras y melodías vocales para Mostros son sólo el 25% de la canción y, si bien los chicos me dan bastante luz verde en ese sentido, lo que hago está pautado por y basado en lo que surge en el ensayo. Digamos que lo que ocurre en el local se queda en el local. Jamás en la vida he llegado al ensayo con una letra para musicalizar, y por favor pegadme un tiro el día que lo haga.

40P: Personalmente siempre me ha parecido algo exagerada la facilidad con que algunos consideran “poeta” a un músico sólo porque no canta las típicas cosas. El rock’n’roll es otra cosa y precisamente nos gusta porque no se anda con florituras.

M.C.: No lo sé, tal vez la gente llama poeta a un músico con letras interesantes a falta de palabras mejores para describirlo. También es verdad que durante años hemos tenido la idea de la poesía como algo inalcanzable, elevado y lleno de vericuetos. Tal vez habría que hablar de una cierta sensibilidad a la hora de elegir las palabras. Estos últimos años me he reconciliado, por así decirlo, con la poesía, gracias a un montón de autores espectaculares. Aquí en Mallorca está el colectivo de Poetry Slam y la Estación Spoken Word, ambos detrás del Festival Live on Març, al que por cierto me invitaron a hacer spoken word; para mí fue algo loquísimo porque no lo había hecho en la vida. Disfruté como loca de ver todas las propuestas y por eso creo que se puede encontrar poesía hasta en las juntas de los azulejos, y eso no es malo. Claro que el rocknroll es otra cosa. Pero confío en que no me vas a pedir que te dé mi definición. Lo dejamos en que para mí una obra, ya sea poesía como rocknroll, debería volarme la peluca y conmoverme hasta que no sienta el suelo debajo de los pies. De ahí en más, gustos.

40P: ¿Dónde hay que firmar? Y hablando de volar la peluca, te debo una: hace años, estuvimos hablando a altas horas de literatura argentina y me descubriste a Rodrigo Fresán. Me pregunto si después de tantos años queda algo de escritora argentina en ti.

M.C.: Es verdad, recuerdo una trasnoche en el desaparecido Virus. Rodrigo Fresán es un grande, hace un tipo de literatura que se apropia de los clichés de la cultura popular, la televisión y el rock sin ser literatura pop, ni freak lit, ni literatura rock, sino utilizando esos elementos como miguitas para no perderse en el bosque de sus historias, que son bestiales. La buena nueva es que Fresán acaba de abrir su blog, Las cosas de la velocidad, algo que sus lectores pensamos que nunca iba a ocurrir, y es un buen lugar para leer sus artículos y maravillarse. ¿Cuánto hay de escritora argentina en mí? Supongo que lo mismo que hay de persona argentina en mí. Trato de no dividir a los escritores que me gustan en argentinos versus resto del mundo, no lo hago ni con escritores ni con músicos ni con personas. Me molestan cada vez más las banderas y los patriotismos mal entendidos. Por otro lado, para responder tu pregunta, en mi país siempre hubo francófilos y anglófilos, o sea que en un país tan joven la influencia nunca es pura. Podríamos hablar de veintiséis años de cultura porteña contra doce años de cultura isleña. Mis influencias argentinas están intactas: Marco Denevi, Teresa Caballero, Julio Cortázar, Manuel Puig y tantos más. Mi lunfardo sigue ahí, aunque me perdí los avances del lenguaje de la calle de la última década y todavía trulo un poco cuando alguien dice “alta llanta” para referirse a un par de zapatillas. Por lo demás, el tema del pan-castellano o castellano neutro es un peligro para ciertos escritores que creen que es válido que los lectores no tengan que poner una dosis de esfuerzo, algo de su parte en la lectura. Ahora que hablabas de Fresán, justamente se lo ha acusado de hablar como en doblaje, pero creo que él se ha apropiado muy bien de cierto locutor o doblaje puertorriqueño al que estábamos acostumbrados en nuestra infancia setentera. Desconfío de los escritores limpísimos, o las correcciones editoriales, ojo, que dejan el texto en ese castellano tan neutro que más que doblaje malo parece un folleto de lavarropas. Creo que la página es un patio de juegos donde una debe arrojar el lenguaje contra el lector con todas sus fuerzas, y el lector a su vez ha de devolver el golpe como buenamente pueda.

40P: En tu caso, has optado precisamente por un castellano lleno de modismos. ¿Por qué decidiste optar por esa vía?

M.C.: Creo que la opción de jerga o no jerga, modismos de un sitio u otro, están ahí porque aparecieron y ya. Salvo en un cuento muy puntual que transcurre en una masía, en la que tuve más cuidado con el lenguaje en ese sentido. Pero no te creas que es una cosa que me ocurre solo en la escritura. En mi día a día, yo debo cambiar el chip de “argentino total” a “castellano amallorquinado” varias veces al día para que se me entienda. Llevo tantos años aquí que sería más que nada poco práctico perpetuar la pose del recién llegado “yo hablo así y que se jodan” en cosas tan elementales como comprar el pan y llamar al servicio técnico. Y es algo que mi cabeza ya aprendió a hacer automáticamente. En la escritura también, si el personaje es mediterráneo no hablará en rolinga ni en lunfardo, pero por algún motivo, en el porcentaje vienen ganando los rolingas.

40P: Al final del libro hay una larga lista de agradecimientos. ¿Te sientes responsable de tributar a aquellos que te han influenciado?

M.C.: Yo creo que esa ofrenda, ese agradecimiento está presente en los textos aunque una no quiera. Sería muy soberbio de parte de cualquiera pensar que no le debe nada a nadie, que lo que está haciendo es 100% original. Lo importante no es contar lo que nadie ha escrito antes, sino contarlo de la manera más verdadera que puedas hacerlo tú. Qué puedo decirte al respecto, amo el rocknroll, y el rocknroll puro es Chuck Berry haciendo la misma canción, disco tras disco. Cuando era más joven una vez me reí mucho al volver a abrir cierto relato de Cortázar después de años, porque resulta que en un solo relato suyo había material que yo había masticado, rumiado y escupido en siete u ocho cuentos míos, cuentos que ahora no existen, por supuesto, material muy verde. Las lecturas de la niñez y adolescencia configuran un poco lo que serás luego como escritor, aunque el trabajo y el aprendizaje no acaba nunca. Ese “yo soy yo” al que aludes tal vez no es tan consciente, pero claro que debe estar, de lo contrario te quedas navegando un loop de influencias y gratitudes debidas que no es nada benéfico. Hay un momento en que hay que escarbar mucho para escribir algo propio, y si en ese rasguñar la piedra salen palabras nuevas o que perturban lo que has escrito hasta el momento, bienvenidas sean. De todas maneras, yo he hecho esa larga lista de agradecimientos tratando de mostrar, en la medida de lo posible, dónde me he inspirado, aunque casi todos son discos, en fin.

40P: Algunas de las narraciones de “La reina del burdel” gravitan en torno a la infancia y las magulladuras que deja tras de sí. ¿Hay alguna razón concreta para ello?

M.C.: De los dieciséis relatos, sólo dos, “Las chicas son huecas” y “Taradita deforme”, tienen que ver con la infancia. Los demás son pobres idiotas adultos, por lo menos de edad. Los moretones están para lucirlos, vengan de la infancia o del concierto de anoche. Más allá de eso, creo que hay mucho meollo, mucha riqueza en la infancia. Enormes áreas de nuestro mapa afectivo, de relación, de gustos, se prefiguran en esos años. Es un pozo sin fondo de malentendidos, visiones, oscuridades, amores terribles que se perpetúan en el tiempo, lealtades tóxicas, recuerdos inexactos. Es también el único momento de la vida en que se nos permite al 100% ser creativos y fantásticos, sin decirnos que estábamos locos, o que nos pusiéramos a trabajar de una vez y nos dejáramos de darle a la guitarrita. Todos esos mundos que creábamos cada día en la infancia es una pena que se pierdan.

40P: La sexualidad sí que es un tema bastante presente. ¿De qué forma crees que aparece reflejada en estos cuentos?

M.C.: No lo sé, dímelo tú, que bastante me cuesta a mí escribir estas cosas como para después tener que analizarlas, pardiez. Lo único que puedo decir en mi defensa es que trato la sexualidad como cualquier otra faceta de la vida de mis personajes: hablo sobre ella en la medida en que lo exige la historia. Mis personajes tienen cosas que contar y no se pasean de puntillas sobre ciertos temas para aplacar neuras ajenas. Como lectora siempre me ha molestado las historias en que el sexo no existe, porque si todos estamos pensando en ello cada hora de la vigilia, me resulta extraño cuando algo de esa pulsión no gotea sobre la página.

40P:  Dando por hecho que ninguno de los personajes del libro es Macky Chuca, ¿cuánto hay de fabulación de tu propio pasado en el libro? ¿O eres más de robar el pasado a otros?

M.C.:Los escritores somos muy mentirosos pero hasta un punto. El truco de emplear a un amigo o familiar con diferente color de pelo para aprovechar una anécdota escabrosa ya está muy visto, y puedes acabar como Harry (de Woody Allen) perseguido por una señora despechada con una escopeta por los tejados. Hay que ser cauteloso. Aunque tengo la fórmula mágica: según Anne Lammott, puedes escribir sobre cualquier hombre que haya pasado por tu vida, incluso sin disfrazar sus rasgos característicos, con la condición de que le pongas un mini pene, así te aseguras de que no te acusará de libelo. Pero no, aunque la realidad es muy jugosa y el pasado de mi familia y mis amigos muy tentador, quédense tranquilos, que todo sale de esta mente afiebrada.

40P:  Me ha interesado esa forma de contar sin necesidad de narrar, aunque creo que funciona en algunos cuentos mejor que en otros. ¿Te costó encontrar la forma que buscabas?

M.C.: La forma aparece después de mucha búsqueda, sí. Supongo que se nota una actitud exploratoria en algunos cuentos. Hay algunos cuentos con una estructura narrativa más clásica, y otros que puede ser que hayan sido narrados de una manera menos ortodoxa. Otra vez, tiene que ver también con el personaje, si nos podemos fiar de él como narrador o no. Hay personajes que son más obsesivos, que transitan ese circulo vicioso de monologar tanto que se envenenan con su propio anhídrido carbónico, y otros personajes más distantes, o por lo menos más estructurados.

40P: – Últimamente te veo mucho en redes sociales y creo que estabas pensando en abrir tu propio blog. ¿Cuestión de autopromoción o curiosidad?

M.C.: Tengo una especie de nueva adicción a Twitter, justamente porque me ha permitido conectar con gente que escribe con la que yo antes no tenía contacto. También es una manera de dar a conocer un poco lo que pasa con el libro y con las cosas nuevas que voy haciendo, lo de colaborar en Agitadoras.com, por ejemplo. El otro día hablábamos con Bruno Galindo. Los dos estuvimos en el FLoM, no nos vimos, pero sabíamos que estábamos ahí, reconectamos a través de Twitter, justamente. Y él me decía que un libro recién publicado tiene la misma fecha de caducidad que un yogur, si no menos. Eso significa, para los que estamos en editoriales pequeñas con promoción limitada, que quedas sepultada bajo la avalancha semanal de novedades editoriales. Bruno decía que hay que defender los libros en la medida en que uno pueda. Yo creo que pasé tanto tiempo con mis textos en un cajón que no me parece mal ahora intentar que el libro se mueva un poco más, sobre todo ya que hubo una segunda edición. En cuanto al blog, parece ser el próximo paso lógico. Me gustaría llegar a lectores del otro hemisferio que tienen dificultades para conseguir el libro, y en ese sentido internet es el camino.

40P: Preguntaba porque a veces tengo la sensación de que estar todo el día retransmitiendo en directo puede llegar a ser contraproducente para el artista, ahí están Pynchon y demás Keyser Sözes de la literatura para demostrar que algo de misterio siempre es bueno…

M.C.: Evidentemente, el tiempo que estás online es tiempo que no estás escribiendo, una especie de trampa mortal para la productividad y la concentración. Era uno de mis grandes temores, el tiempo que tendré que dedicarle al blog. Pero cada vez estoy más animada y espero poder anunciarlo muy pronto. Luego está el tema de los comentarios. Hay una tendencia en muchos blogs de escritores en Estados Unidos, desde hace un par de años, escritores que simplemente cerraron los comentarios de su blog. Es un gesto bravo, porque perdieron muchos seguidores, pero dice que también hubo lectores que los apoyaron. A pesar de valorar el contacto con esos lectores, necesitaban el silencio, ese espacio en blanco para seguir trabajando. Hace un tiempo asistí como público a una mesa redonda sobre blogs en las Converses de Formentor, con Llucia Ramis y Biel Mesquida entre otros y, cuando les pregunté si ellos se animarían a no admitir comentarios, a todos les pareció impensable. El tema es cuando se montan esos chats, debates interminables, o peleas de trolls en tus comentarios, ¿qué haces? Hay gente que contesta todos y cada uno de los comentarios, pero cuando lo planteé, la mayoría me respondió que opta por ignorarlos y dejar que hablen o discutan entre ellos. Entonces hasta qué punto nos gusta o nos sirve la tan mentada interacción, me pregunto. En cuanto al los Keyser Sözes de este mundo, todos tienen su Kobayashi kriptonita. Por ejemplo, el otro día leía, me gustaría recordar dónde, que Salinger escribió una obra maestra, donde decía que había que llamar a tus escritores favoritos, y luego vivió recluido evitando el teléfono hasta que murió. Por otro lado, soy una persona bastante expansiva, tengo que serlo por el lado Mostros, no me pega nada quedarme de ermitaña misteriosa en un rincón con telarañas. Ya bastante encerrada me siento escribiendo.

40P: Y a todo esto, ¿cómo se siente una punk-rocker entre tanto escritor?

M.C.: Yo creo que lo de la rara avis es una novedad que pasará pronto, no soy ni mucho menos la única persona que tiene otra pasión además de escribir. Muchos escritores tienen identidades secretas y vidas alternativas. Dato curioso: hasta ahora la gente en los conciertos compra mi libro porque conoce a Mostros. La semana pasada, en un show en Sevilla, fue la primera vez que se acercó gente del ámbito literario, blogueros que reseñaron mi libro, a ver a la banda. Lo cual hasta ahora no ha pasado en Palma. Ya veremos si alguno de los literatos isleños se anima a mezclarse con los punkrockers.

Joan Cabot
About Joan Cabot
Ha escrit a MondoSonoro, Última Hora, Ara, Go Mag, Vice i D-Palma, a més de treballar durant molts anys en ràdio (Local d'Assaig a Ràdio Jove i Cara B a IB3 Ràdio). És membre dels grups Lost Fills i Forces Elèctriques d'Andorra.