Historias del barrio: pasados y otras cicatrices

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Foto: Neus Morey

Foto: Neus Morey

Existence— well, what does it matter?

I exist on the best terms I can.

The past is now part of my future,

The present is well out of hand.

(“Heart and soul”. Closer. Joy Division)  

Despuntan los años ochenta. Atraviesas la Plaza Mayor y penetras en Sa Gerreria. El asfalto desprende olor a orín; la basura se pudre bajo el sol. Tus zapatos pisan territorio comanche; gitanos, familias desestructuradas y macarras pueblan las calles. Aceleras el paso. Temes que algún esqueleto de mirada vidriosa y ojos huecos muerda con su jeringa tu cuerpo. Al alcanzar el siguiente cruce, te asalta el olor más dulce que hayas percibido jamás. Te preguntas de dónde proviene; con algo de suerte, no lograrás averiguarlo. Tardas cinco, diez minutos en atravesar la zona, la dejas atrás, respiras hondo, olvidas la amenaza. Te salvas. Ahí se quedan los gritos, el síndrome de abstinencia, los llantos de los críos, la miseria de los condenados, el vertedero social de la ciudad. En tu trayecto te has cruzado con un grupo de chavales ociosos. Es probable que un jovencito de aire ausente llamado Gabi Beltrán (Palma, 1966), futuro escritor de Historias del barrio (Astiberri/Dolmen, 2011), se encontrara entre ellos.

Tres décadas más tarde, el barrio chino ha desaparecido por completo. Sus edificios, en el mejor de los casos, han sido expropiados y restaurados. Manzanas enteras fueron totalmente demolidas y reconstruidas. Persisten los arcos de la Quartera, la Eléctrica Española, algún alcohólico esquizoide, los rótulos de un par de bares que han cambiado de dueño. Como una copia a menor escala de El Raval de Barcelona, en la actualidad sus fachadas están cubiertas por graffiti y son denominadas en la prensa “museo al aire libre”. Los yonkis y las prostitutas hace tiempo que abandonaron sus calles. Los que no se rindieron, se mudaron a la periferia de la urbe, y las casas en las que vivían entraron a formar parte del perverso juego de la especulación inmobiliaria; fueron compradas por personas pudientes o alquiladas a diseñadores gráficos. Atravesar la zona ya no constituye ninguna proeza.

Historias del barrio edición alemanaEscribir, entre otras cosas, significa crear ángeles a partir de demonios. Tal proceso acontece en Historias del barrio, híbrido entre novela gráfica, crónica y volumen de memorias, que cuenta con guión de Gabi Beltrán y dibujos de Bartolomé Seguí (Palma, 1962), ambos ilustradores e historietistas. En el libro se relata la historia de un Gabi de 14 años aficionado a dibujar, que ha sido depositado en un escenario en el que desempeña simultáneamente los papeles de actor y espectador reflexivo. La ingenuidad está a punto de ser substituida por la experiencia. El mundo todavía no ha frustrado sus sueños, pero la existencia comienza a revelar su cuchilla. El protagonista recorre el principio de su adolescencia como quien camina por primera vez por el borde de un acantilado. Muchos caerán: la mayoría de los compañeros que retrata en el libro están muertos. “Y no eran malos chicos. No lo eran”, asevera, treinta y tres años más tarde, ante un whisky con hielo, el superviviente Beltrán.

Una prosa sobria, sucinta y honesta, que no hace concesión alguna a lugares comunes, acompaña a las viñetas de Seguí. Las tremendas perspectivas del dibujante –que en 2009 fue galardonado con el Premio Nacional de Cómic por Las serpientes ciegas (BD Banda, 2008)- plasman y reinventan ese trazado espacial que ya no existe. Relato e imagen se retroalimentan en la trayectoria del adolescente permeable al dolor, al vacío, a la incerteza respecto al futuro; en las páginas se muestran sus primeras incursiones en el vandalismo, la violencia, la huida utópica, el consumo de drogas y el cuerpo femenino. De tal manera, la historia personal trasciende el mero localismo y se presta a la condición universal.

Muestra de esa universalidad es que, dos años después de la publicación de la obra en España –tras ganar el Premi Ciutat de Palma de Cómic, y el Premio a la Mejor Obra Nacional y al Mejor Guión en las Jornadas de Cómic de Avilés-, llega al mercado alemán de la mano de Avant-Verlag, y se ha anunciado su publicación en Francia por la prestigiosa Gallimard para el mes de septiembre. El recorrido de la obra no acaba aquí: casas editoriales de otros tres países más se encuentran interesadas en su publicación.

Se prevé que la segunda parte de Historias del barrio, de cuya edición en castellano se encargará Astiberri, irrumpa en las librerías antes de que finalice 2013. Respecto a su contenido, Beltrán explica lo siguiente: “En el segundo volumen el protagonista tiene entre 15 y 16 años. Por lo demás, las cosas se van complicando, y la lucha por salir del entorno no obtiene éxitos inmediatos. No se abandona todo un mundo de la noche a la mañana, y menos siendo tan joven y con tan pocas oportunidades externas. El protagonista aún deberá experimentar situaciones más extremas para decidirse a dar un paso adelante y alejarse definitivamente de su entorno social y familiar”. Rumores y otras fuentes de extrema fiabilidad apuntan a la abuela del protagonista y una preciosidad llamada Pamela como dos personajes substanciales de esta novedad editorial que el lector espera con ansia. Precisamente el capítulo titulado Pamela podrá leerse en el próximo mes de mayo en la antología Panorama: la novela gráfica española hoy (Astiberri, 2013). Junto a estas líneas, 40PUTES presenta dos páginas inéditas de la segunda parte.

No albergo duda alguna acerca de que la nueva entrega de esta novela gráfica será, como la primera, una ventana abierta al pasado reciente de la ciudad, a la literatura y a la vida –ambas, las dos últimas, como las mujeres, tan bellas y tan putas-. Las incógnitas, la incerteza respecto al futuro y una cierta evasión daban fin a la primera entrega. La vida no había hecho más que empezar. Empezar a doler.

Historias del barrio ilus1

 

Historias del barrio ilus2