Román Piña Valls, “El general y la musa” (Sloper, 2013)

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Román Piña - El general y la musa El general y la musael último libro de Román Piña Valls es una novela de humor delirante. Puede encandilar por su prosa ágil, perfectamente escrita, accesible y efectiva. Sin embargo, para algunos lectores, encontrarse con un Franco cándido, impotente, que pimpla hectolitros de licor de hierbas y disfruta de una vida onírica más que agitada, puede resultar demasiado atrevido, incluso ofensivo. El libro se entronca en ese género más que establecido –en ocasiones nuestros escritores, en cuanto a invención se trata, van más agarrados que una vieja en moto- de novelas ambientadas entre los preámbulos de la guerra civil y los últimos estertores de la dictadura franquista; periodo que para alguien que ha nacido con la inmaculada constitución, firmada y santificada, es lo mismo que retrotraerse a tiempos antediluvianos. Siempre he tenido la certeza de que Franco para nuestra generación es una imagen apagada en gris plomo. Muchos hemos crecido bajo largas exposiciones a detritus maximalistas del tipo Takashi Miike o Paul McCarthy, casi recién salidos de la primera comunión devorábamos con devoción maravillas como El almuerzo desnudo, para más tarde a someternos a auténticos tours de force como el visionado martilleante de Henry, retrato de un asesino y demás tratamientos gummeantes que harían palidecer a todo el gabinete de Heinrich Gross. Circunstancias que sin duda provocan que no conectemos con el humor de la novela.

Después de leer la novela tengo muy claro que si nuestra Madame fulminó los chacras a más de un hippie-visaplatino en el coto privado de Deià, el autor de El general y la musa ha conseguido superar dicha azaña ampliando su radio destructivo hasta ese vórtice de traje regional que es Valldemossa. Más de uno tendrá que echar mano de algún inhalador cuando se encuentre con la estampa de una Carmen Polo que alcanza el orgasmo con tan solo acariciar el fuenteovejuno piano de Chopin. Novela gamberra, donde el absurdo y lo políticamente incorrecto campan a sus anchas, con una trama de detectives incluida en la que se alude a algunos popes de la cultura oficial insular; de hecho hay alguno con el que nuestro autor se ensaña con una pasión algo sospechosa. Sólo el ejemplo de la caricatura de Robert Graves, seguro que traerá más que revuelto al ya de por sí confuso coto de Deià, ya que el militante de la zona es más bien de corte talibán. 

Por cierto Román, permíteme que te comente que me consta que hay un comando de poetas graverianos con las cestas rebosantes de cebollas dispuestos a lapidarte, con o sin luna. Por lo que más quieras, evita las pozas de barro de Llucalcari. No es que te vea echándote arcilla y lagarteando al sol pero por si sientes esa inquietante llamada de la naturaleza, te aviso que los agujeros esos -en los que muchos pierden la vergüenza para ganar todo tipo de bacterias – han sido envenenados con una mezcla infame de mantequilla de algas y bayas del Goyi. Hasta aquí puedo contar.