Pujà Fasuà, “On s’eleven” (2013)

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Pujà Fasuà - On S'elevenDesgraciadamente, no conocía a esta banda hasta el día en el que descargaron toda su furia en el escenario del Katakrak Festival el pasado mes de agosto. Desde el minuto cero, y pasando totalmente de esa puñetera frase que utilizan todos los que alguna vez han tenido la desgracia de que les rompieran el corazón (“No existe el amor a primera vista”), lo que sentí por ellos y su música fue un auténtico flechazo. Sus riffs hipnóticos, esos cambios de ritmo tan escarpados y estridentes a la vez que sobrecogedores, todas esa emoción contenida que se resiste a salir, a explotar en nuestras caras, pero que siempre está presente, sin concesiones, removiendo nuestras entrañas, fue lo que me dejó encandilado. Además, con un directo tan potente, tan visualmente impactante, como el que descargaron durante aquella noche estival, en el que se dejaron literalmente la piel, había que ser un poco cafre para no distinguir dónde había talento de verdad, latente, rebosando por los cuatro costados del escenario.

Por fin llegó el momento tan esperado por un servidor, la primera escucha del nuevo largo de estos cuatro jóvenes. Este es un momento que siempre me ha asustado de la hostia: desprecintar el CD (o vinilo si fuera el caso), sacarlo de la caja, introducirlo en la cedetera y escuchar los primeros compases del primer tema…, ¡es algo aterrador! Nunca sabes qué te vas a encontrar. Grandes artistas han tirando por tierra sus carreras por culpa de los primeros segundos de algunos de sus discos, y eso es algo que me acojona soberanamente, sobre todo cuando son bandas a las que admiro, respeto y disfruto con sus composiciones. Tengo que decir que poco después del concierto del Katakrak Festival rescaté el primer trabajo homónimo de Pujà Fasuà y me dejó un poco frío, decepcionado. Quizás fuera porque aquella rabia que había visto sobre el escenario días atrás no estaba bien plasmada en aquella grabación, quizás fuera que no sonaban tan viscerales como lo hicieron el día que los conocí…, y eso incrementaba mi miedo a la escucha de las primeras notas de este On s’eleven, su nuevo trabajo. Ahora que el CD está más que oído, escuchado y digerido sólo puedo decir que sus primeros acordes son asombrosos. No creo equivocarme demasiado al decir que este segundo álbum de Pujà Fasuà va a ser uno de los discos más importantes editados en esta isla durante este 2013. El sonido que han conseguido al trabajar codo a codo con Toni Toledo y Rafa Rigo en la grabación, mezcla y masterización de todo este magnífico material, me deja sin palabras. Suenan tal y como los recuerdo en nuestro primer encuentro: demoledores y sentimentales a la vez. En las nuevas composiciones de Carlos (voz y guitarra), Natàlia (guitarra), el recientemente incorporado Daniel (batería) y Jorra (bajo) está todo totalmente milimetrado: cada detalle, cada matiz (que son muchos y sorprendentes) tienen su lugar determinado y entran y suenan en el preciso momento en el que han de hacerlo, como si de una pesada máquina de engranajes se tratara. La violencia sonora y desquiciante creada a base de riffs distorsionados y machacones deja paso a unos densos y tranquilos pasajes que electrifican tu espina dorsal a base de descargas emocionales, de las que hacen daño, pero que te hacen recordar que sigues vivo y que eso duele. Nunca hubiera imaginado que una banda que pudiera recordar a otros tantos grupos tan dispares entre sí (desde el metal de unos Slipknot en estado de gracia, pasando por la bella melancolía de los Smashing Pumpkins de la época del Siamese Dream, tambien agregando un poco de ese poderío noise de unos primerizos Sonic Youth, una pizca del extraño universo de Tool, mala leche de la buena como la que practicaban Rage Against The Machine y algo de esa rabia contenida que se encuentra en los pasajes más asequibles y menos rudos de Neurosis) pudieran sonar tan bien como lo hacen ellos. Los temas más intensos de este On s’eleven como pueden ser “HDP” (el primero del disco, poseedor de unos primeros segundos acojonantes), “Have You Paid?”, “Tehnen” o “200” te activan como un buen puñetazo en la cara, mientras que los más sosegados y espirituales como “Remei”, “Aspen”, “Puja a l’alcova” o “Still Sailing” te curten el alma, preparándote para el siguiente asalto al que has de enfrentarte en forma de una nueva canción. Incluso se atreven a musicalizar “Confession”, un poema del maestro Charles Bukowski, una tarea harto difícil, de la que salen victoriosos como auténticos beatniks.

Una de las cosas que me resulta más atractiva de estos manacorins es su originalidad sonora, ya que gracias a estar influenciados por músicas y ritmos tan diferentes han conseguido crear un sonido propio, que los hace desmarcarse de tantas otras bandas que pensándose originales no hacen otra cosa que sonar igual que otros tantos combos de alrededor del mundo. No sé si en otros lugares del planeta existen unos Pujà Fasuà paralelos, que hacen discos emocionantes y dan conciertos capaces de volarnos la cabeza. Pero tampoco me importa, voy a seguir disfrutando con ellos como si fueran únicos y no hubiera un mañana. Os recomiendo que hagáis lo mismo.

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Pako Jeremy

Freak como los de antaño, sus mayores logros siempre han estado ligados al séptimo arte, la caja tonta y el cómic. Periodista gonzo durante más de 10 años en la revista Eros Cómix, se encargó durante ese tiempo de la sección sobre cine para adultos (mejor conocido como cine X) "El cuarto trasero". Dirigió, produjo y presentó el mini-programa de culto "Mondo raruzco" emitido por el canal local Tele Nova. Vocea cuando se lo permiten en la banda Gente tóxica, y es de ir al cine (si la cartera lo permite) dos o tres veces por semana. Con su barba nada hipster que luce es confundido muchas veces con Paul Naschy, cosa que adora.